Informe Omniprom 2011 sobre el libro en México

La compañía mexicana Omniprom ha hecho público por tercer año consecutivo su Informe 2011 sobre el libro en México. Este operador editorial enfocado a la promoción integral del libro en ese país, que pretende ser de gran ayuda para editores, librerías y lectores, quiere con esta publicación informar y ser un referente para mejorar la promoción a la lecturaen ese país latinoamericano.

La compañía mexicana Omniprom ha hecho público por tercer año consecutivo su Informe 2011 sobre el libro en México. Este operador editorial, enfocado a la promoción integral del libro en ese país y que pretende ser de gran ayuda para editores, librerías y lectores, quiere con esta publicación informar y ser un referente para mejorar la promoción a la lectura en ese país latinoamericano.

Aunque el estudio ha analizado las estadísticas sobre el sector editorial, y en él se vuelcan las opiniones de los distintos actores que en él intervienen, cabe destacar el capítulo de Francisco Michavilla y María Fernanda Castro dedicado a los libros electrónicos y a las “bibliotecas fuera de serie”, así como el realizado por el coordinador de la obra, Marcelino Elosúa, sobre el libro digital y la libertad.

Respecto del primer capítulo aludido, sus redactores comienzan por definir el planteamiento que debe seguir una plataforma de libros electrónicos. Entre sus tareas, consideran que la principal es la de acordar las relaciones comerciales con las editoriales y ayudar a satisfacer la demanda de su público. Esta relación estiman que debe ser funcional, amigable, estable e inspirar confianza, tanto para el usuario como para la editorial. Apuntan que el mercado hacia el que las editoriales deberían dirigir sus esfuerzos son las instituciones educativas, la cuales, a su parecer, siguen siendo grandes compradoras de libros y material impreso pero que gradualmente comienzan a adquirir más recursos electrónicos.

Tras presentar los distintos modelos comerciales que existen -perpetuidad, suscripción y de pago por consulta- Michavilla y Castro centran su atención en la figura del bibliotecario. Opinan que este mediador puede realizar su labor de gestor con mayor eficiencia y eficacia en una plataforma de libros electrónicos. Más que nunca, consideran esta figura como fundamental para el sector editorial. El bibliotecario será el responsable de habilitar los recursos y maximizar su uso: “Tendrá distintos roles y objetivos. Dejará, quizá de ser sólo el bibliotecario para convertirse en el gestor de la biblioteca”.

Por último, apuestan por el Personal Learning Environments (PLE). Se trata de espacios personales de aprendizaje en los que cada usuario es su propio tutor, se ayuda de otros, lanza sus consultas a expertos y tiene acceso a una cantidad ingente de contenidos multimedia, para los que necesita ayuda en su búsqueda de conocimiento. En su opinión, este será el modelo al que deben encaminarse bibliotecas y universidades.

En el caso del capítulo que corre a cargo de Marcelino Elosúa, tras comentar en primer lugar el marco teórico de los servicios digitales y hacer un breve recorrido por la historia y la situación actual, reflexiona sobre las alternativas con las que cuentan los distintos participantes en el sector editorial, y en concreto un editor hispano.

Una vez aclarada la ilegalidad de la fijación de precios entre competidores -tanto en un país con precio fijo como en uno con precio libre- y la legalidad del precio fijo, destaca el poder con el que cuentan las librerías virtuales, ya que estas saben si un libro se vende poco o mucho y conocen el precio en otras tiendas competidoras, en función de lo cual decidirán bajarlo o no. Saben, en definitiva, a qué precio se debe vender, pero no para que se comercialice más un determinado libro frente a otros, sino para que su tienda venda más de ese título frente a otras tiendas: “que ni es lo mismo ni es similar”, apostilla Elosúa.

Por lo tanto: “Si un editor quiere poner un precio que maximice su beneficio, es mejor que lo ponga él, igual que si una tienda quiere maximizar su beneficio, mejor que lo ponga ella. Suponiendo en ambos casos que son buenos gestores y saben lo que hacen. Dejémonos de gaitas y de argumentos falsos. El modelo de agencia deja la iniciativa y el control en el editor y el de reventa en la librería”.

Más adelante, Elosúa se plantea cómo será el comportamiento del lector a la hora de comprar, a lo que responde que será más digital todavía. Las reseñas o comentarios de libros llegarán a través de un método digital junto con un enlace a un sitio de venta (librería amigable). Este enlace, continúa, lo pondrá el editor el publicista u otro lector, y en caso de que alguien lo quiera comprar, entrará en ese sitio y si es de su confianza lo comprará allí sin más. La elección irá dirigida a aquel lugar que le parezca mejor.

Por último, define otra alternativa: las librerías de libros digitales especializadas. Si estas se encuentran donde están las mejores editoriales de libros y el sitio a su vez proporciona servicios apreciados por este tipo de lector, es muy probable, en opinión de Elosúa, que este lugar no pierda ventas significativas por no estar en sitios masivos y generalistas: “Puede suceder que acaben dominándolo todo los monopolistas que nos imponen sus lectores dedicados, sus descuentos abusivos, que nos chupan la información y los clientes y pasan a competir con nosotros. En ese caso lo que menos importará es que hayamos perdido nuestro negocio, porque habremos perdido algo más importante, la libertad”.
 


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