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¿Los lectores electrónicos pueden facilitar la lectura a los disléxicos?
2/7/2012

A pesar de que todavía no se ha encontrado ninguna cura para la dislexia, un trastorno que hace la lectura extremadamente difícil a uno de cada veinte niños en edad escolar, los dispositivos de lectura electrónica pueden ayudar a los lectores disléxicos a leer con más facilidad, según afirma la escritora científica y periodista Annie Murphy Paul en un artículo para el blog KQED Mindshift. La periodista revela que el espaciado entre las letras, el tamaño y la apariencia de los textos influye en la rapidez y facilidad de lectura de los disléxicos, y debido a las posibilidades que ofrece el eReader para modificar estos aspectos tipográficos, este dispositivo puede facilitar de forma considerable el proceso de lectura de personas con este trastorno.

Según afirma Murphy Paul, los expertos utilizan métodos muy sencillos y concretos de cara a facilitar el acto de la lectura a los lectores disléxicos. De hecho, la periodista sostiene que las investigaciones están demostrando que realizando modificaciones en el espaciado entre las letras, el tamaño y la apariencia del texto, los niños con dislexia pueden leer con mayor rapidez y precisión, lo que les permite adquirir la práctica de lectura que necesitan mejorar.

La periodista da cuenta de un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academies of Science, en el que un equipo de investigadores de la Universidad de Padua, en Italia, reveló que un espaciado grande entre las letras permitió a un grupo de niños disléxicos leer el texto a un ritmo mucho más rápido y con menos errores que cuando leían pasajes con un espaciado estándar.

Según indica Paul, Marco Zorzi, el autor principal del estudio, afirma que un espaciado amplio ayuda a los niños disléxicos porque estos se ven especialmente afectados por un fenómeno perceptivo conocido como el ‘fenómeno de atasco’ (crowding), es decir la interferencia con el reconocimiento de una carta por la presencia de las letras en ambos lados. Zorzi sostiene que cuando a cada letra se le da espacio para respirar, los lectores disléxicos son menos propensos a confundirse. Asimismo, la periodista advierte de que la investigación indica que el espaciado estándar entre las letras es el ideal para los lectores normales, ya que estos leen más despacio y con más dificultad cuando el espaciado es mayor.

Asimismo, según afirma Paul, no solo el espacio entre las letras influye en la rapidez y facilidad con que leen los disléxicos, sino que también lo hace el tamaño de las letras. La periodista señala un estudio dirigido por el psicólogo Beth O'Brien, de la Universidad de Tufts en Estados Unidos, y publicado en la revista Journal of Research on Reading en 2005. Para realizar este estudio, según la autora, se presentaron progresivamente pasajes impresos en letras grandes a grupos de niños disléxicos y a grupos de lectores normales, cronometrando cuánto tiempo empleaban los participantes en leer cada pasaje. La investigación reveló que los niños con dislexia alcanzaron su velocidad máxima de lectura con un tamaño de letra más grande que la que requirieron los niños que no tenía este trastorno.

Murphy Paul sostiene que incluso la fuente en la que se imprime un texto puede influir en la facilidad con que un disléxico es capaz de leer. La periodista revela que en 2011, Christian Boer, un diseñador gráfico de los Países Bajos disléxico, creó un tipo de letra para reducir la tendencia de los lectores disléxicos a malinterpretar letras como la ‘d’ y la ‘b’. Según indica Murphy Paul, Boer acentuó ciertas características de las letras en su fuente tipográfica, denominada ‘Dyslexie’, para hacer que fueran más difíciles de confundir unas con otras, e insertó grandes espacios entre las letras y las palabras.

La periodista señala que en el pasado estas innovaciones habrían requerido la impresión laboriosa de textos especiales para disléxicos. Pero con la llegada de los eReaders, afirma, la creación de un documento fácil de leer por los lectores disléxicos es tan simple como cambiar la configuración de un dispositivo digital. De hecho, sostiene Murphy Paul, algunos disléxicos ya lo están haciendo, como por ejemplo la reconocida economista Diane Swonk, que utiliza su Kindle para ajustar el tamaño de la fuente y para limitar el número de palabras que ve cuando lee en la pantalla del dispositivo.

“Jugar con el tamaño, el espaciado y la apariencia de las letras no es una cura para la dislexia –declara Annie Murphy Paul. “Pero hasta que la ciencia encuentre una –sostiene la periodista– tales manipulaciones pueden ayudar a los niños disléxicos a leer con más facilidad, e incluso de una forma más placentera”.

 

 


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